El marxismo y la II Internacional

Es una gran obra de la Leszek Kolakowski. En ella se desandan los pasajes de las distinas corrientes marxistas con un detalle pormenorizado de los acontencimientos que se sucedieron a lo largo de «la edad de oro».  De las páginas de las «Principales corrientes del marxismo» extraemos una suerte de síntesis de: El Marxismo y la II Internacional

El marxismo parecía estar en la cúspide de su ‘fuerza intelectual. No era la religión de una secta aislada, sino la ideología de un poderoso movimiento político; por otra parte, no tenía medíos de silenciar a sus oponentes, y los hechos de la vida política le obligaban a defender su posición en el terreno de la teoría, De esta forma, el marxismo apareció en los medios intelectuales como una doctrina , que incluso sus adversarios respetaban. Las principales características de la doctrina marxista estaban lógicamente ligadas a su situación social y su función política., Muchos fueron los factores que contribuyeron a su desarrollo como ideología del movimiento obrero, pero al mismo tiempo, en tanto este desarrollo estuvo afectado por las corrientes políticas del momento, su alcance se vio limitado en muchos aspectos.

Pueden dividirse en dos grupos: según su actitud hacia las premisas filosóficas del marxismo. Un grupo adoptó la idea de que el marxismo era una teoría del desarrollo social y en especial de la sociedad capitalista y su inevitable colapso, y de que esta teoría podía ser complementada y enriquecida sin contradicción por doctrinas filosóficas derivadas de otras fuentes, en particular por el kantismo y el positivismo. De esta forma intentaban unir el materialismo histórico con la ética kantiana (como hacía el socialismo ético) o la epistemología empireocriticista (por ejemplo, los seguidores rusos de Ernst Mach y de Friedrich Adler).

Quienes consideraban al marxismo como un todo singular y uniforme -por ejemplo, Kautsky, Plekhanov y Lenin- no añadían mucho a la filosofía popular de Engels y se limitaban por lo general a repetir sus conclusiones sumarias, o a aplicarlas a la crítica de nuevas tendencias idealistas. En conjunto, el marxismo como teoría filosófica general se convirtió en letra muerta o adoptó una forma ecléctica, a pesar de la gran cantidad de literatura interpretativa de las premisas principales del materialismo histórica.

La II Internacional no fue una organización uniforme y centralizada con un cuerpo de doctrina elaborado y reconocido por todos sus miembros, sino más bien una amplia federación de partidos y sindicatos que actuaban independientemente pero unidos por su fe en el socialismo.

El anarquismo en Italia y España, el utilitarismo en Inglaterra, fue el marxismo el que se convirtió en la forma dominante del movimiento obrero y en la verdadera ideología del proletariado. Al contrario que la I Internacional, que fue un centro ideológico más que una organización del movimiento obrero, la IX Internacional fue una unión de los partidos representativos de las masas. Era marxista quien aceptaba las siguientes proposiciones: Las tendencias de la sociedad capitalista, y en especial la concentración de capital, han activado la tendencia natural del proceso histórico hacia el socialismo, que es la consecuencia o bien inevitable o bien más probable de los procesos de acumulación.

El progreso hacia el socialismo exige una lucha económica y política por parte del proletariado, que debe luchar por la mejora de su situación a corto plazo dentro del sistema capitalista y debe hacer uso de todas las formas políticas, y en especial de las parlamentarias; para luchar en favor del socialismo el proletariado debe organizarse.

El capitalismo no puede modificarse radicalmente mediante la acumulación de reformas, y sus catastróficas consecuencias de depresión, pobreza y desempleo son inevitables. No obstante, el proletariado debe luchar por las reformas relativas a la legislación laboral, las instituciones democráticas y el aumento de salarios, pues estas reformas hacen más tolerables sus condiciones y fomentan la solidaridad de clase y el adiestramiento en la lucha. El capitalismo será finalmente abolido por la revolución, una vez hayan alcanzado su madurez las condiciones económicas y la conciencia de clase del proletariado. Sin embargo, la revolución no es un coup d’état protagonizado por un grupo de conspiradores, sino que debe ser obra de la gran mayoría de la población trabajadora.

El socialismo no es sólo un programa político, sino una cosmovisión basada en la premisa de que la realidad es susceptible de un análisis científico. Sólo la observación racional puede revelar la naturaleza del mundo y el significado de la historia. Las doctrinas religiosas y espirituales son expresión de una conciencia «mistificada» y desaparecerán cuando sean abolidos la explotación y los antagonismos de clase. El mundo está sometido a leyes naturales y no a forma alguna de Providencia; el hombre es obra de la naturaleza y ha de ser estudiado como tal, aunque las reglas que gobiernan su ser no pueden reducirse simplemente a las del universo prehumano.

 

 

 

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